Hay territorios que no se parecen a ningún otro. Paisajes que despiertan la curiosidad de científicos y aventureros, que impactan por su escala y combinan climas y relieves extremos en un mismo escenario. En ese universo desafiante y fascinante se despliega Catamarca, destino elegido para una travesía de siete días en 4x4 que propone internarse en algunos de los ambientes más imponentes del norte argentino.

El recorrido comienza en San Miguel de Tucumán, desde donde parte la expedición. Con el vehículo abastecido de provisiones, combustible extra y equipo de seguridad, el grupo toma la Ruta Nacional 38 rumbo oeste. El trayecto atraviesa primero extensos cultivos de caña de azúcar y limoneros, para luego ganar altura al cruzar el Cordón del Aconquija, sistema montañoso de aproximadamente 100 kilómetros que marca el límite natural entre Tucumán y Catamarca y anticipa la entrada a un territorio de contrastes y desafíos.
En el límite interprovincial se extiende el Parque Nacional Aconquija, con 94 mil hectáreas y considerado una de las áreas protegidas de mayor biodiversidad del país. En este entorno conviven las yungas —selva de montaña— y los ambientes de Altos Andes, con cumbres que alcanzan los 6.000 metros. A medida que se gana altura, la vegetación densa enmarca las cumbres; luego, ya en territorio catamarqueño, el paisaje cambia hacia una franja de transición con sierras más áridas y montes bajos, antesala de los ambientes puneños.

La ruta continúa por la cuesta de la Chilca, paso de montaña que vincula los valles con la Puna. El trazado, sinuoso y panorámico, atraviesa cerros secos y quebradas profundas, y constituye además un histórico corredor regional que evidencia la transición geológica del noroeste argentino. En el camino, un desvío hacia Londres permite visitar El Shincal de Quimivil, antiguo centro administrativo y ceremonial del Imperio Inca en el sur del Tawantinsuyu (siglos XV y XVI), donde un museo de sitio exhibe piezas originales del complejo arqueológico.

Base en El Peñón
Tras la parada cultural, la travesía sigue hacia El Peñón, en el departamento de Antofagasta de la Sierra. Luego de recorrer cerca de 500 kilómetros, el poblado se convierte en base estratégica para las siguientes exploraciones por la Puna catamarqueña.
Instalado como punto estratégico, El Peñón ofrece servicios básicos y una ubicación clave para explorar los principales atractivos de la Puna catamarqueña. Desde esta base, durante tres jornadas, parten las excursiones hacia algunos de los escenarios más representativos de la región. En la primera salida se visitan los volcanes Volcán Jote, Volcán Alumbrera y Volcán Antofagasta, de perfiles cónicos y tonos oscuros, además de las llamadas piedras campanas, formaciones basálticas de origen volcánico.
Más adelante, el camino conduce a Antofagasta de la Sierra, situada a 3.300 metros sobre el nivel del mar y considerada la principal localidad puneña de la provincia. Rodeada de volcanes, salares y lagunas altoandinas, permite observar desde un mirador la imponente Salina de Antofalla, una de las más extensas y elevadas del país. El paisaje combina el blanco intenso del salar con montañas de múltiples tonalidades. En este entorno también es posible avistar fauna típica como vicuñas, guanacos, llamas, vizcachas y zorros andinos.

La exploración continúa por el salar de Antofalla, donde se recorren a pie los Ojos de Campo, pequeñas lagunas de colores diversos alimentadas por aguas subterráneas salinas. En otra jornada, la travesía apunta al Volcán Galán, cuya caldera —de casi 45 kilómetros de diámetro— se cuenta entre las mayores del planeta. En su interior se despliegan campos geotermales, fumarolas y lagunas de altura como Laguna Pabellón y Laguna Grande, hábitat de flamencos andinos.
El tercer día culmina en el Volcán Carachi Pampa y su laguna, donde contrastan el rojo de las montañas con la grava negra volcánica. Desde allí se avanza hacia el Campo de Piedra Pómez, formación originada hace más de 100.000 años tras una erupción explosiva del volcán Blanco o Robledo, cuyo material poroso fue modelado por el viento durante milenios.
Finalmente, la ruta sigue por la Cuesta de las Papas rumbo a Fiambalá, atravesando un marcado contraste entre desierto de altura y valles más verdes. En el descenso, una parada en termas naturales antecede la llegada al valle, tras cruzar varios tramos de río pedregoso.

Hacia Fiambalá
Como segunda base de operaciones, Fiambalá se consolida como puerta de entrada a la cordillera y a la Ruta de los Seismiles. Ubicada a 1.500 msnm, combina tradición rural -viñedos artesanales, nogales y olivares- con actividad minera y cultura andina, en un entorno de clima seco y cielos despejados.
En sus alrededores se destacan las dunas de Saujil y Tatón, ideales para sandboard, y las reconocidas Termas de Fiambalá, con piletones naturales de aguas termales. También forma parte del recorrido la Ruta del Adobe, circuito patrimonial de 55 kilómetros que une Tinogasta con Fiambalá y reúne capillas y casonas coloniales de más de tres siglos.
Como cierre de la travesía, el itinerario asciende por ripio hasta el Balcón del Pissis, a 4.200 msnm, mirador privilegiado de la cordillera donde se observan cumbres emblemáticas como el Monte Pissis y el Ojos del Salado. El regreso se realiza por la Cuesta de Capillita, con visita a la histórica Mina Capillitas, célebre por la extracción de rodocrosita, piedra semipreciosa símbolo de la provincia.