La nueva adaptación de La casa de los espíritus propone descubrir un Chile fascinante, donde palacios señoriales, antiguas haciendas, paisajes rurales y barrios históricos se convierten en escenarios protagonistas. Un viaje ideal para quienes buscan conectar con la esencia cultural y los paisajes que dan vida a esta historia inolvidable.

Aunque la novela La casa de los espíritus no menciona de forma explícita el país donde transcurre su historia —que sigue durante más de medio siglo a distintas generaciones de la familia Trueba—, diversos elementos permiten ubicarla en Chile. La obra, una de las más emblemáticas de Isabel Allende, se nutre tanto de su historia personal y familiar como de un contexto histórico, social y cultural reconocible.
En ese trasfondo, atravesado por el realismo mágico, aparecen referencias claras a la estructura de las haciendas y al poder de los grandes terratenientes, así como al crecimiento de los movimientos sociales y políticos de izquierda. A esto se suma la representación de un golpe militar que remite de manera evidente al ocurrido en 1973, encabezado por Augusto Pinochet, reforzando la lectura de Chile como escenario central de la trama.
Un rodaje 100% chileno

Estrenada el 29 de abril en Prime Video, frente a la anterior adaptación de la obra, que se rodó en inglés en Dinamarca y Portugal con actores como Jeremy Irons, Meryl Streep, Glenn Close, Winona Ryder y Antonio Banderas -pese a este fulgurante elenco resultó un fracaso-, esta nueva versión apuesta por el español como lengua y por Chile como escenario de la ficción.
Así, la serie, de ocho capítulos, no solo recupera el universo literario de Isabel Allende, sino que también convierte al país sudamericano en un personaje central, donde se mueven Alfonso Herrera como Esteban Trueba, Nicole Wallace, Dolores Fonzi y Francesca Turco -las tres como Clara del Valle-, Sara Becker y Fernanda Urrejola como Blanca Trueba y Rochi Hernández como Alba. La propia Isabel Allender es productora ejecutiva de la serie, junto a Eva Longoria.
Rodada íntegramente en Chile durante 16 semanas entre julio y noviembre de 2024, la serie despliega un mapa de localizaciones que mezcla arquitectura aristocrática, paisajes rurales y barrios históricos para recrear el Chile convulso del siglo XX.
Más allá de la ficción y de las transformaciones que exigía el guion (los propios lugares, los vestuarios o los vehículos tenían que variar varias décadas de unas escenas a otras), muchos de estos escenarios existen y pueden visitarse, lo que convierte la serie en una inesperada guía de viaje para quienes buscan explorar el país desde una mirada cinematográfica.

Santiago: el corazón del rodaje
La nueva adaptación de La casa de los espíritus, ideada por Francisca Alegría y Fernanda Urrejola, a quienes se unió también como showrunner Andrés Wood, tiene a Santiago de Chile como escenario principal.
Aquí se encuentra el Palacio Bruna, uno de los espacios más importantes del rodaje como la gran casa de los Trueba. Ubicado en el céntrico Parque Forestal (calle Merced 230), fue encargado en 1916 por el adinerado empresario Augusto Bruna al arquitecto chileno Julio Bertrand.
De estilo neoclásico, el imponente edificio, que fue sede del consulado de Estados Unidos hasta 1994, Monumento Histórico desde 1996 y actualmente propiedad y sede de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), acogió el rodaje de la mayor parte de escenas interiores de la serie. Salones, escaleras monumentales, pasillos y habitaciones se cuelan en la ficción acogiendo escenas de diferentes momentos e incluso generaciones de personajes.
Hoy, el palacio puede visitarse en eventos culturales, lo que permite recorrer el mismo espacio donde se desarrollan los conflictos familiares de la serie.

Barrio Lastarria: bohemia y memoria histórica
También en Santiago de Chile, y muy cerca del Palacio Burna, el Barrio Lastarria fue otra localización clave para el rodaje. Este barrio, conocido por su ambiente artístico y sus calles empedradas, acogió grabaciones de escenas urbanas.
Cafés, librerías y fachadas de época convierten a Lastarria en un escenario perfecto para recrear el Chile burgués e intelectual que atraviesa la historia de los Trueba.

En el Chile rural, las escenas vinculadas a las haciendas y viñedos cobran un papel central en la construcción de la historia. Para recrear la emblemática estancia de Las Tres Marías —clave en la trama—, el rodaje se realizó en distintas propiedades, combinando paisajes agrícolas como valles, campos de cultivo y casonas de estilo colonial. Estos escenarios no solo reflejan el poder terrateniente de Esteban Trueba, sino que también acentúan el contraste entre el mundo rural y la ciudad. Aunque no se han revelado las locaciones exactas, postales muy similares pueden encontrarse en el Valle Central de Chile, una extensa franja de unos 500 kilómetros entre la cordillera de los Andes y la de la Costa. Esta región, que se extiende desde el norte de Santiago hasta el río Bío-Bío, concentra tanto una parte importante de la población como el corazón vitivinícola del país, con valles reconocidos como Valle del Maipo, Valle de Rapel, Valle de Curicó y Valle del Maule, célebres por variedades como cabernet sauvignon, syrah, merlot y carmenere, esta última considerada la uva insignia de Chile.

En definitiva, La casa de los espíritus no solo se presenta como una gran apuesta del turismo audiovisual en la región, sino también como un recorrido íntimo por la identidad de Chile. Con un equipo creativo liderado por talentos locales como Francisca Alegría, Fernanda Urrejola y Andrés Wood, la serie logra reconstruir medio siglo de historia a través de múltiples escenarios y una cuidada puesta en escena. La decisión de rodar íntegramente en el país no solo aportó autenticidad, sino que también permitió devolverle a la obra de Isabel Allende ese “sabor chileno” que atraviesa sus páginas. Así, entre paisajes reconocibles y un elenco diverso de toda Latinoamérica, la producción se convierte en un puente entre lo local y lo universal, un regreso simbólico a sus raíces que, como resumió la propia autora, refleja finalmente “lo que siempre debió haber sido”.