Una hermosa ciudad esapañola donde la arquitectura no solo se mira: se camina, se siente y se disfruta. El modernismo forma parte de su identidad y convierte cada paseo en un viaje por una de las etapas más creativas de su historia.
Recorrer Barcelona es encontrarse con fachadas ondulantes, balcones de hierro forjado, mosaicos de colores y edificios que transformaron la manera de entender la ciudad a finales del siglo XIX y comienzos del XX. El barrio del Eixample concentra algunas de las obras más emblemáticas, ideales para descubrir a pie y sin apuro.

El paseo suele comenzar en Plaza de Cataluña y continuar por el Paseo de Gracia, donde conviven tres joyas del modernismo: Casa Batlló, Casa Amatller y Casa Lleó Morera. Cada una propone una mirada distinta sobre un mismo movimiento artístico que dejó huella en la estética urbana de la ciudad.
Un poco más adelante aparece Casa Milà, conocida como La Pedrera, con su fachada ondulante y su azotea escultórica. El recorrido culmina en la inconfundible Sagrada Familia, el proyecto más ambicioso de Antoni Gaudí y símbolo absoluto de Barcelona, cuya silueta domina el horizonte urbano.

El modernismo no se limita a un solo barrio. Espacios como el Palau de la Música Catalana o el Recinto Modernista de Sant Pau permiten vivir la arquitectura desde el interior y entender cómo el arte se integró en la vida cotidiana.
Barcelona invita a descubrir su modernismo a pie, en visitas guiadas o rutas culturales que combinan historia, arte y ciudad. Una propuesta perfecta para viajeros que buscan algo más que monumentos: una experiencia urbana donde el pasado sigue vivo y el arte acompaña cada paso.