En Amaicha del Valle, a más de 2.000 metros de altura, se extiende un desierto silencioso y sorprendente que rompe con todas las postales clásicas de Tucumán. Tiu Punco invita a descubrir un escenario árido, casi de otro planeta, donde la naturaleza y la historia se fusionan en una experiencia que los viajeros no olvidan.

Cuando se piensa en Tucumán como destino turístico, suelen venir a la mente los cerros verdes, los ríos y los pueblos llenos de tradición. Sin embargo, existe un rincón poco conocido que propone un viaje completamente distinto: Tiu Punco, un desierto de suelo claro y formaciones esculpidas por el viento que evocan un paisaje lunar.
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Recorrer este paraje es adentrarse en un espacio casi virgen, donde el silencio es protagonista. Las lomas suaves, las rocas erosionadas y la amplitud del terreno generan una sensación de inmensidad que invita a detenerse, observar y conectar con el entorno. No hay rastros de ciudad ni ruidos artificiales: solo el viento y la percepción de estar en un lugar que conserva su misterio intacto.
Tiu Punco no es solo naturaleza. Su nombre, que en quechua significa “puerta del desierto” o “puerta del arenal”, remite a la historia y a la memoria ancestral del Valle de Amaicha. Hoy, el acceso se realiza a través de circuitos guiados, muchos de ellos en vehículos 4x4, que permiten conocer el área de manera segura y respetuosa, de la mano de quienes conocen el territorio.

En los últimos años, el lugar comenzó a integrarse al turismo rural y de experiencias, con propuestas de caminatas y visitas guiadas que priorizan el cuidado ambiental y el valor cultural del sitio. Es una manera de descubrir otra cara de Tucumán: inesperada, austera y profundamente cautivante.
Para quienes buscan una escapada diferente, Tiu Punco se presenta como una opción ideal. Un paisaje lunar en pleno noroeste argentino, un espacio para respirar otro aire y dejarse sorprender por la belleza de lo simple y lo esencial. A veces, lo extraordinario está más cerca de lo que imaginamos.