Recorré Madrid a través del cine

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¡Atención amantes de Madrid! Con la noticia de la apertura de España al turismo, muchos viajeros ya empezaron a soñar con visitar alguno de sus puntos turísticos. Si sentís añoranza por la ciudad, podés encontrarla en muchísimas de las películas que a lo largo de nuestra historia, hemos podido ver en la gran pantalla. 

El cine de Pedro Almodóvar o de Álex de la Iglesia no podría entenderse sin su referente urbano. Pero no son los únicos. Te proponemos un paseo cinematográfico gira en torno a algunos de los principales hitos turísticos y culturales. ¡Luz, cámara y acción!

La Gran Vía

La centenaria calle tiene 1.360 metros de longitud y, a lo largo de la historia, ha sido protagonista de grandes momentos cinematográficos. Sara Montiel colapsó la Gran Vía con el estreno de El último cuplé (1957) y La violetera (1958) en el entonces Cine Rialto, hoy convertido en teatro. 

Pedro Almodóvar hizo lo propio el 23 de octubre de 1991 cuando llenó la calle de tacones gigantes, plumas y lentejuelas con motivo del primer pase de la película Tacones lejanos en el Palacio de la Música.

En la época del blanco y negro aparece en El último caballo (1950), primer manifiesto ecologista del cine español, dirigida por Edgar Neville e interpretada por Fernando Fernán Gómez. El technicolor nos trajo Las chicas de la Cruz Roja (1958), en la que Concha Velasco y otras compañeras recorrían la avenida en busca de donativos y amor cantando a bordo de un Mercedes descapotable. De día y de noche nos la muestra José Luis Garci en El crack (1981) y El crack dos (1983), en la que incluye hasta seis minutos de conversación desde un piso con vistas a la calle.

Pero, sin duda, la imagen que ha quedado para siempre en la retina del espectador es la de Eduardo Noriega caminando, asustado, por una sorprendente Gran Vía vacía en Abre los ojos (1997) de Alejandro Amenábar. El preludio perfecto para le peor de las pesadillas… 

La Plaza Mayor

Por la Plaza Mayor de Madrid todo el mundo pasa, sobre todo, en Navidad, que es cuando se instala en ella el tradicional Mercado Navideño, cuyos orígenes se remontan a 1860.

Los puestos de hoy, con forma de casitas, se parecen muy poco a los que había en 1962, año en que se estrenó La gran familia, dirigida por Fernando Palacios. La escena en la que el hijo pequeño se pierde mientras sus hermanos y el abuelo, José Isbert, curiosean por el mercado, forma parte de la historia del cine español. El grito de ¡Chenchoooo! aún resuena en nuestros oídos…

Otra escena inolvidable en la Plaza Mayor, en este caso vacía, nos la regala Pedro Almodóvar en La flor de mi secreto (1995), cuando, tras unas copas de más, Ángel (Juan Echanove) improvisa un baile para Leo (Marisa Paredes).

La estación Atocha

Uno de los edificios más representativos de Madrid es la Estación de Atocha, uno de los ejemplos mejor conservados de la arquitectura en hierro. Además es el primer lugar de la ciudad que conocen muchos de los viajeros que visitan la ciudad. Esto es lo que le ocurre a Agustín Valverde, o lo que es lo mismo, a Paco Martínez Soria, en La ciudad no es para mí, de Pedro Lazaga (1965), totalmente abrumado tras bajarse del tren (atención a la máquina de vapor que se ve en la escena).

Aún no reformada y ampliada, de otra época nos parecerá también la estación en la última película de Luis Buñuel, Ese oscuro objeto de deseo (1977), a la que llega Mathieu Faber (Fernando Rey) tras contar a sus compañeros de vagón la historia de sus infortunios amorosos.

Más actual se ve en El ultimátum de Bourne (2007), de Paul Greengrass, con Matt Damon convertido en uno de los grandes espías cinematográficos de los últimos tiempos. Procedente de París Jason Bourne llega a la estación de Atocha. En ella se detiene Will (Henry Cavill) junto a Lucía (Verónica Echegui) en otro thriller internacional, La fría luz del día (2012), de Mabrouk El Mechri, rodado en Madrid.

El Museo del Prado

Es el gran icono cultural de Madrid, una de las mayores pinacotecas del mundo, que alberga la mejor colección de pintura española (Goya, Velázquez, El Greco). Hay que recorrer sin prisas todos sus espacios -el edificio neoclásico es de Juan de Villanueva y la ampliación, obra de Rafael Moneo– y descubrir sus magníficas obras de pintura europea de los siglos XII al XIX… Pero, si no es posible, tendremos que dejarnos llevar por la magia del cine.

En sus salas se han rodado películas de todo tipo, desde Viva Madrid, que es mi pueblo, de Fernando Delgado (1928), ficción muda con el torero Marcial Lalanda como estrella principal, o la memorable El cochecito (1960), de Marco Ferrari, hasta producciones internacionales, como Último chantaje (The Happy Thieves, 1961), una comedia de George Marshall, protagonizada por Rita Hayworth y Rex Harrison, que narra la historia de tres ladrones de obras de arte afincados en España que reciben el encargo de robar El dos de mayo de Goya.

Del mismo año, 1961, es El pobre García, dirigida y protagonizada por Tony Leblanc, que, en la pantalla, intenta ganarse la vida como guía en el Museo del Prado. Más moderna es La hora de los valientes (1998), de Antonio Mercero, que recrea la evacuación de las obras del Museo en 1937 para protegerlas de los bombardeos durante la Guerra Civil. Algunos de los planos fueron recreados en un plató, pero la secuencia final fue rodada in situ, ambientada, eso sí, en los años 40.

Este texto pertenece a la campaña de Ciudadanos Viajeros para viajar sin romper la cuarentena obligatoria, bajo la consigna #YoMeQuedoEnCasa. Para seguir leyendo sobre otras películas ingresá acá.

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